Hypatia y la eternidad. Ramón Galí. Mayo 2009
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ÁGORA,
por NeoHypatia de Alejandría
Cuatro aciertos, cuatro cuestiones.

“La única forma de conocer los límites de lo posible
es adentrarse un poco más allá, hacia lo imposible”
Arthur Charles Clarke

<<...POR FAVOR , no se asusten de mi trans-presencia, no soy peligrosa. He recorrido años-luz por el bello Kosmos, por el “hermoso orden de las cosas” griego; he dado un saludable paseo celestial y vuelvo a ti, aquella Alejandría...¡aunque sea de forma virtual! Y regreso para hablar de una obra de arte que a su vez habla de ella…y de mí. Y lo haré desde su misma perspectiva caprichosa, desde el rutilante firmamento.  Sí: tras mi brutal asesinato y en virtud de una inentendible geometría de lo posible… ¡resucité!; acurrucada en los pliegues del tiempo vencí a lo único que parece irreversible, vencí a la muerte. Ahora, al parecer, estoy escrita con polvo de estrellas y casi me jacto de que no necesito cabalgar sobre la materia para poseer consciencia. En fin, se lo explico, insisto, para que no se asusten de mi presencia, se lo ruego; la matriz transenergética que me configura es totalmente inofensiva. Termino esta introducción indicando que tras morir conocí en mi maravillosa singladura a muchos hombres y mujeres sabios: hoy, aquí, ahora citaré algunas de sus perlas.
Agora Amenabar Hipatia
Agora Amenabar Hipatia
 MI ATENCIÓN, como decía, es ahora prisionera de una nueva obra de arte esculpida en el celuloide: Ágora. Recrea mi vida, mi muerte, la muerte de Hypatia, acaecida hace ya un eón ¿o ayer mismo?; vagar por universos paralelos despista a cualquiera, se lo aseguro. Mi regreso a la Tierra para abordar la tarea de analizarla podría antojarse un ejercicio cargado de geocentrismo y egocentrismo a partes iguales, dos errores gravitatorios que nos lastraron-y nos lastran-como especie, como individuo. Simplemente pienso, con humildad, que mi prisma, mi opinión al respecto podría ser interesante…siempre y cuando, claro, “el rayo divino de sabiduría” platónico me siga iluminando en mi actual estadio. También pudiera suceder que al ubicarme ahora mucho más cerca de la fuente emisora dicho rayo de inspiración en verdad me estuviera chamuscando los vectores energéticos que me configuran. Veamos si, tras transitar entre los pebeteros de la noche celestial, todavía puedo hilar como antaño…
INCLUSO ANTES de contemplar Ágora mi primer sentimiento fue de respeto; respeto por la valentía (¿o temeridad?) de un artista que ha dedicado años de tu vida al lío monumental (literalmente, “la Ciudad de los Mil Palacios” la llamaban) de reconstruir el pandemónium de la Alejandría de finales del siglo IV, principios del V. Los que se entregan, junto a la ciencia y a la filosofía, a la disciplina más elevada y compleja a la que se puede enfrentar la mente humana, al arte, creo que a priori merecen respeto. Respeto y luego crítica razonada, constructiva; nada de despellejar, verbo contundente, que tiempo ha conseguía removerme, revolicar un poquito la energía que me constituye, (como me sucede cuando paso cerca de un campo electromagnético) debido a cómo me asesinaron. Ahora al recordar aquello sonrío estoica con mis labios de ámbar pintados con tinta de aurora boreal, aplicando mi sôphrosynê o autodominio espiritual (que les confieso es la versión neoplatónica del ommmh oriental). Un político tunecino reafirmaba a Sófocles: “feliz el hombre que puede reírse de sí mismo; nunca le faltará motivo de diversión.” Y esto viene de perlas en la eternidad, se lo aseguro.
Agora Amenabar Hipatia
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COMENZARÉ DESORDENADAMENTE por una anécdota, por una curiosidad, por un chascarrillo: A pesar de apodarme en vida “la perfecta” (he leído estos días: “cuerpo de Afrodita y la mente de Platón”…, ya me gustaría a mí…) les revelaré lo que es más bien una intimidad: he sentido casi insana envidia de la dulce belleza de la protagonista del film, más morena y joven, con una mirada más cargada de Homero y Eurípides incluso que la mía cuando me asesinaron: la elección de la actriz que me encarnara es, a mi juicio el… PRIMER ACIERTO DEL DIRECTOR. Para rematar mis observaciones sobre la otra forma de la verdad, sobre la belleza (un dramaturgo español dixit), afirmaré que el esclavo que nunca tuve y que aparece en la película también me hubiera puesto difícil mantener mis principios, entregarme sólo al Conocimiento… ¿De mármol de Eφεσος, de Éfeso? En absoluto; de vocación de cariátide… ¡nada de nada!

¿ANTICRISTIANA? UMMH... , no lo sé. Sí parece un intento de ser anti-fanática como demuestra, por ejemplo, que en la filmación me lapidaran en vez de… En ya no sé qué universo paralelo, pues a veces me lío,  un escritor alemán manifestó: "Me aburren los ateos. Siempre están hablando de Dios". No me refiero al director de Ágora en absoluto, pero quien me quiera reclutar en la filas del agnosticismo para usarme de ariete contra los creyentes que se olvide, que abdique de su enfermizo propósito: siendo la ciencia mi religión, sin duda, siempre escribí CREER; sí, con mayúsculas (y negrita si hubieran existido ese modo tipográfico). Mis mejores amigos, y alumnos, fueron cristianos. Siempre percibí la figura de Cristo como sagrada. Siempre, con el beneplácito de mi idolatrado Platón sentí la astronomía y la geometría como formas divinas de conocimiento.  Siempre concebí ciencia y religión como las dos caras de la misma moneda... (creo que el otro día mi filósofo le ganó por fin la primera partida de ajedrez al hijo de Dios, allí sentados encima de una estrella). Me gustaría que todo esto hubiera sido reflejado (¡¡aconteció, en verdad, un asesinato político, no religioso!!), en la obra de arte que abordo: PRIMERA CUESTIÓN AL DIRECTOR…¿si su película no pretende ser anti-cristiana, sino que refleja un hecho histórico, qué falta hacía dibujar determinados personajes con ropajes oscuros, con rostros siniestros, para que a la gente le quepa la duda? Los que me mataron no estaban tan caricaturizados, no eran tan feos, de veras. Cuidado además con hacer de la anécdota categoría: unos cristianos concretos y fanáticos acabaron entonces con la guardiana del Conocimiento, pero otros lo conservaron en monasterios durante la Edad Media. “Eran parabolanos, no hiperbólicos” quizás hubiese dicho el gran Euclides en sus clases de geometría.





Agora Amenabar Hipatia
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DICEN QUE todo viene de nuestra cultura, de la griega: a mi pesar, nada más alejado de la realidad. Si el bueno de Pitágoras levantara la cabeza…; su famoso teorema ya había sido descubierto en China, Egipto, Babilonia, India y Japón. ¿Catetos? Tampoco es eso. Sólo al cuadrado y en el teorema ;-) Tenemos que asumir con flagelante deportividad que nuestros Siete Grandes Sabios aprendieron a su vez de los ecos de las enseñanzas de otra maravillosa cultura sita en una zona concreta: el valle del Nilo. Pero si tramposamente, con la sutil destreza de un tahúr, obviáramos esta realidad, corriéramos un tupido velo, ¿se podría afirmar, como dijo un escritor austral, que todo fue ya codificado por nosotros, los griegos? Puede que sí en cuanto a las relaciones humanas, pero no respecto a la interacción del ser humano con la ciencia, la tecnología y el conocimiento en general. Cuento esto porque mis sospechas de que algo no cuadraba en el firmamento, que las órbitas planetarias no podrían ser circulares (eso me lo encontré en mi particular periplo después de morir, en los albores del siglo X, en alta mar…), que ya por entonces se barruntaba la esfericidad de la Tierra y su atracción a través de una poderosa fuerza… Sí, a su vez nosotros nos adelantamos a los genios que (oficialmente) descifraron los cielos más de mil años después. “Mi” amado Uomo, caso aparte, claro, pues él y quizás gracias a una distorsión cuántica se solía dar un garbeo por el futuro y tomar notas. Plasmar en el celuloide estas inquietudes y los posibles avances de lo que quedaba de la civilización helena, sin duda: SEGUNDO ACIERTO DEL DIRECTOR.





VUELVO A
él, sí, a uno de mis maestros griegos para contar una anécdota: dicen del (que creía ser el) descubridor de un gran teorema matemático que curó a un joven de una importante melopea al prescribirle una melodía concreta a determinado ritmo: la música es clave como vehículo y generador de emociones, es... “la voluptuosidad de la imaginación” dijo un enorme pintor, tanto que hubo que apretarse en los cielos cuando subió a ellos. La del film es buena, más que correcta diría yo…¡pero le falta el último requiebro melódico para llegar al corazón del espectador, la última vuelta de tuerca que separa la excelencia de la genialidad! La música es más que correcta pero prima lo cuantitativo frente a lo cualitativo. En mi modesta opinión tienen la fortuna compartir una época y un planeta con dos de los compositores cinematográficos más extraordinarios de todos los tiempos (para no herir sensibilidades, sólo sus iniciales: J.W., y H.Z., pero ssssh, chitón) LA SEGUNDA CUESTIÓN AL DIRECTOR es obvia, ¿por qué precisamente sus gloriosas partituras, o incluso las de él mismo, no sublimaron, no condujeron al paroxismo los sentimientos del espectador? Si lo intentó no lo sabemos. “La música empieza donde acaba el lenguaje”, afirmó un tenor germano y por eso esta humilde aprendiz va a ser osada y atreverse a sugerir una idea: sin cambiar ni una coma del guión o del montaje sustituya la banda sonora por otra, absolutamente sublime, maravillosa,… ¡y reestrene el film! ¿Por qué no? Estoy convencida que, siendo otra, la sensación para el espectador será totalmente diferente.




Agora Amenabar Hipatia
Agora Amenabar Hipatia
VENÍA A decir un arquitecto visionario que una vez una obra de arte se ha hecho orgánica se convierte en eterna, ad infinitum. Sólo el tiempo dirá si Ágora posee en sus ruedas dentadas las proporciones divinas de la naturaleza, si lleva implícita los números áureos de la perfección. Es evidente que he contemplado otra versión de la Alejandría que fue, apreciando las diferencias en “mi” Biblioteca (la de la película es ¡incluso más bella), en la geometría de las calles, en las fisonomías de sus habitantes, en algunas indumentarias y complementos (aunque son casi todos muy muy correctos), en algunos comportamientos, en algunos nimios detalles pero, en general, la recreación es asombrosamente fidedigna, incluyendo la del fabuloso cíclope de mármol, esa maravilla del mundo que, envolviéndolas dentro de su haz, conducía a las naves al buen Portus Eunostos; puedo afirmar que su escenografía me parece sorprendente, “deliberadamente estética”, como le dijera un autor a otro. Me he despepitado para mis adentros, y me hubiera descacharrado, desencajado si hubiera tenido cuerpo físico, al comparar los actores elegidos con los personajes que me rodearon en vida (por diferentes, no por inadecuados: estos, en general y como decía antes, más bellos, más esbeltos denotando la mejora de la raza, salvo los monjes “señalados”) pero insisto en que jamás desde entonces se reconstruyó mi ciudad y sus gentes con ese grado de perfección histórica, con ese preciosismo resplandeciente: TERCER ACIERTO DEL DIRECTOR.  Opino que la hazaña visual alejandrina rebasa todo lo nunca conocido y por sí misma justifica el visionado del film.



PARA UNO de los más grandes cerebros de la historia de la humanidad en cualquier universo paralelo del que se tenga constancia de su presencia, “El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo arte y ciencia verdaderos”. Mi perspectiva quizás no sea significativa pues contemplé la película con ojos tan inmateriales como vírgenes (por favor, no se rían de mí: es mi primer film: todavía no tengo las pupilas gastadas, resabiadas, de tantos impactos visuales del siglo XXI; admito que mi capacidad de asombro, afortunadamente, sigue incólume ¿no les da pena que la suya se pueda haber erosionado, que muchos niños de 5 años de su época moderna ya tengan las retinas más viejas que las de un anciano de la mía, de la grecolatina? (“Eso lo entendería hasta un niño de cinco años: ¡tráiganme un niño de cinco años!”-gritó uno de los más grandes humoristas de todos los tiempos, adelantándose a mi pregunta anterior) Si queda amputada nuestra capacidad de sorpresa, si el humano inteligente rechaza que le conduzcan como a los borregos por un carril, si le repele todo lo que tenga la vitola de muy comercial, si como decía Epicteto la mente humana precisa aventura pero sobre todo libertad, si la clave del disfrute es la relación entre las expectativas y la realidad (y es inversamente proporcional a la cola que guardemos para contemplar dicha realidad), ¿por qué esa brutal campaña publicitaria que elevaba el listón de las mencionadas expectativas a unos niveles estratosféricos? Esa sería mi humilde TERCERA CUESTIÓN QUE PLANTEARÍA AL DIRECTOR. Quizás esa estrategia concreta de difusión del hecho devalúa al hecho en sí.


Agora Amenabar Hipatia
Agora Amenabar Hipatia
LA CUARTA Y ÚLTIMA CUESTIÓN AL DIRECTOR vuelve a suscitar dudas sobre mi ego/geocentrismo, es decir, que termino donde empecé. Alabando como he hecho la elección de la actriz que me encarna en la gran pantalla, creo que su papel resulta finalmente cargado de humildad (muy bien) pero quizás un poco plano (mmmh). Esa Hypatia redidiva, inscrita en su indiscutible belleza, posee en ocasiones una expresión propia de estar eternamente cayéndose de un guindo, cual Sísifo subiendo la piedra a la montaña castigado por Zeus. Quizás suene mal pero quiero pensar, con toda la modestia que me enseñaron mis maestros griegos, que mi personalidad fue mucho más rica en matices, más poliédrica, ¡con más sentido del humor! ¡Apenas sonríe la actriz en el film! Si esa fue una de mis armas para lidiar con la dura realidad, fuese el obispo Cirilo o el sursuncorda quien me pusiera palos en las ruedas de la vida. Tengo por maravilloso a mi padre, el gran astrónomo Teón, sin duda, y su carácter fue diferente al actor que lo representa, pero gracias su buen hacer y al del director éste resulta extraordinariamente convincente. ¿Por qué no se atrevió a profundizar en la condición humana de la protagonista de su película?  “El cuerpo humano no es más que apariencia, y esconde nuestra realidad. La realidad es el alma”, manifestó un soberbio novelista francés. Esta humilde abajofirmante es la constatación más preclara, la constatación definitiva de esa gran verdad. Que te descuarticen y que luego quemen tus restos puede ser un pequeño inconveniente, un percance más o menos molesto pero en modo alguno determinante para acallar tu voz en medio de la eternidad.


PIENSO QUE la creatividad va mucho más allá de la inteligencia, es una segunda derivada de ésta que muchos poseen pero que muy pocos subliman de forma deslumbrante; su génesis roza lo divino o eso rezan los frescos más famosas de todos los tiempos sitas en una bóveda vaticana (¿o transmitía mero y aburrido conocimiento?).  Termino mi relación con el que considero CUARTO ACIERTO DEL DIRECTOR, que ha sido… ¡arriesgar!: homogeneizar todos los fanatismos con sus perspectivas cenitales, alejarse del esquema y tensión narrativas convencionales, insertar un avance del propio film antes de éste, elegir un tema y época tan complejos como controvertidos, ejecutar rotaciones imposibles de la cámara, etc: “En el arte la única manera de acertar es estar siempre en peligro de equivocarse”; afirmó un escultor español. ¿Acertó o se equivocó? Juzguen por sí mismos. Sean libres, gran máxima griega: saquen el látigo y mantengan a raya sus prejuicios o mejor, déjenlos directamente en casa y vístanselos coquetos al retornar de nuevo: siempre tendrán luego tiempo de ponderar los pros y contras de lo que visionen, despacharse a gusto y/o separar el polvo de la paja si es que les apetece. Si buscan sensaciones concretas, mirlos blancos o comparan (quizás inevitablemente) con otros éxitos cinematográficos-de análogo final dramático -fracasarán en el intento: Ágora, con sus luces, con sus sombras,es otra cosa. Rían, emociónense, lloren o cabréense.


Agora Amenabar Hipatia


TIENEN LA
oportunidad de viajar en el tiempo e impregnarse de aquella Alejandría, en el mismísimo ocaso de aquella época jaspeada de perfección que fue la Antigüedad. Pueden rescatar para sus pupilas los nenúfares y la hiedra que se derramaba por las calles alejandrinas, los mármoles de los Mil Palacios, el eco de los yunques, el bullicio del Bruquión, la explosión de aromas y color de las plazas de la ciudad que me vio nacer.  Los egipcios consideraban las montañas alejandrinas guardianas de la eternidad: esas murallas encierran el secreto de la vida eterna que soñaron para sus muertos. Como les decía al comienzo no se asusten de mi presencia, se lo ruego; la matriz transenergética que me configura es totalmente inofensiva. Pero, ¿se acordará alguien de mí, de la que fui en vida, dentro de millones de años? Quizás sí gracias a Ágora o a pesar de. En cualquier caso, dentro de unos eones hablamos...>>


NeoHypatia de Alejandría
© 2009, Ramón Galí, autor de Hypatia y la eternidad

NOTA: Manda tu comentario a ramongali@hotmail.com

COMENTARIOS:

  • NeoHypatia

November 2nd, 2009 at 21:38
Contestaré con sumo gusto los comentarios y preguntas que se me planteen.
Saludos muy cordiales desde el otro lado del espacio/tiempo.
NeoHypatia de Alejandría

  • Juan Antonio Tack

November 4th, 2009 at 12:01
Distinguido don Ramón:
He leído con mucha atención estos extensos comentarios que reflejan, una vez más, la profunda y amplia cultura general que Usted ha adquirido a través de su vida. Considero atinados la mayor parte de sus comentarios; sin embargo, hay un punto para mi fundamental que jamás podré aceptar: Ciencia y religión jamás podrán ser DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA. Estoy totalmente convencido, por mi conocimiento de la historia universal y mi observación permanente de la conducta humana, que Ciencia y religión son DOS MONEDAS TOTALMENTE DIFERENTES, cada una con su propia cara. Se puede comprobar fácilmente que el relativo ¨progreso¨ humano, en todos los campos de actividades, se ha logrado a través del DESARROLLO CIENTÍFICO que ha tenido que enfrentarse a las censuras, persecusiones y condenas de TODOS LOS DOGMAS RELIGIOSOS, sin excepción. Una de las tantas cosas imperdonables del cristianismo, es haber ahogado el amplio y exquisito saber de la antigüedad griega que se encontraba depositado en el Museo-Biblioteca-Universidad de Alejandría. Hypatía fue la única mujer representante de ese extraordinario depositorio. Prefiero recordarla como una gran matemática que con alguna adición, no comprobada, a cualquier forma de misticismo o esoterismo.-Saludos, atentamente, Juan Antonio Tack

  • NeoHypatia

November 9th, 2009 at 13:20
Estimado señor Tack,
Creo que ha dado en el centro de la diana, localizando el objeto, el epicentro del debate interno personal durante toda mi vida. Enhorabuena y gracias por su valentía discrepante. En modo alguno sería tan irrespetuosa de intentar convencerle de nada: simplemente quiero explicarme, aportar mi punto de vista.
Creo que queda fuera de toda duda que mi bandera (mi pasión y casi obsesión) ha sido siempre la ciencia. Asimismo catalogo como muy arriesgada mi afirmación de “religión y ciencia, dos caras de la misma moneda” y admito totalmente que, para mentes racionales como la suya o la mía requiere, como mínimo, una explicación.
Pienso a pies juntillas que todos los fenómenos del universo obedecen, están gobernados, por las leyes de la ciencia, sin la menor duda. Lo que sucede es que la ciencia es una disciplina cuyas fronteras están en constante expansión: sabemos todavía muy muy muy poco. A pesar de esto, es obvio que lo que ayer eran fenómenos de origen desconocido, paranormales, esotéricos, hoy tienen una perfecta explicación científica: los eclipses, las auroras boreales, las mareas, los fuegos fatuos, por aportar algunos ejemplos. Es más, como decía un célebre escritor de ficción, “cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. Si durante la Edad Media, por ejemplo, se hubiera detectado un ingenio volador o comprobado la telecomunicación con un dispositivo electrónico nuestros predecesores hubieran tenido que recurrir argumentos acientíficos, a brujería y otras supercherías para “racionalizarlos”, para encauzarlos en sus desconcertadas mentes. Bien. Lo que yo quiero decir con todo esto es que, al margen de religiones concretas, la creencia en que exista algo después de nuestra muerte o de la existencia de un o unos seres superiores (base del hecho religioso) ¡¡PODRÍA TENER TAMBIÉN UNA EXPLICACIÓN CIENTÍFICA!!
No sería prudente y faltaría al respeto a los lectores de estas líneas (pero que todavía no han abordado mi epopeya narrada en el texto “Hypatia y la eternidad”) si desarrollara esta última afirmación que he dispuesto entre signos de exclamación: en el mencionado texto el lector tendrá la oportunidad de ampliar ese punto de vista en un glorioso episodio que viví junto a uno de los personajes científicos más importantes de todos los tiempos…y de cualquier universo paralelo del que se tenga constancia de su presencia.
Muy cordiales saludos y un verdadero placer debatir con usted.
NeoHypatia de Alejandría.

  • Patxi

November 20th, 2009 at 14:45
Resulta que estamos a punto de ahogarnos en el mar. Y viene un barco y nos salva. Durante el trayecto a tierra, a pesar de nuestro agradecimiento a nuestros salvadores, nos quejamos de que el café que nos han dado está demasiado caliente, y la almohada de nuestra litera es demasiado baja.
Ágora nos rescata de un erial, un desierto de cine lleno de vulgaridad, temas recurrentes sobre traumas personales neurótico-hipersexuales, de petardeo y sal gorda. Nos eleva a un nivel y a un debate casi imposible de imaginar antes de ella. Y nosotros observamos el atuendo de los monjes, las chumberas del jardín, los uniformes de los soldados, la Loba Capitolina, la resurrección de Sinesio de Cirene y la mas que necesaria campaña publicitaria.
Agradezco su crítica benigna a la película. Pero yo todavía estoy demasiado sorprendido con ella como para fijarme en sus imperfecciones históricas o formales. Creo que todavía tenemos derecho al entusiasmo y a la esperanza de que pueden cambiar los tics provincianos y las mezquindades cainitas en nuesto país.
Ojalá no se hayan asustado demasiado en el extranjero con el nuevo asesinato de Hipatia en España, y la película encuentre una resonancia acorde con su valentía y belleza.
Un saludo

  • NeoHypatia

November 22nd, 2009 at 20:07
Estimado Patxi:
Pienso que cargadas de razón están muchas de sus afirmaciones. A veces nos falta perspectiva y nos sobran prejuicios, sin duda; o sencillamente el carril por el que transitamos por la vida nos impide decir lo que realmente pensamos, ser libres…esa maravillosa máxima griega. Sospechosas son las críticas a cualquier cosa que alaban sin matices (a no ser que se trate de una obra maestra sin parangón) o condenan con crueldad sin conceder el más nimio de los méritos. Entre el infrarojo y el ultravioleta el espectro tiene una gama cromática inmensa que, sólo el que posee una aguda visión, puede distinguir con precisión; algunos sólo verán blancos o negros.
También de acuerdo que lo facilón es relatar de forma burda las bajas pasiones y devaluar las obras de arte a meros objetos sin apenas elaboración, que salen escupidos de máquinas expendedoras de banalidades. Y efectivamente, la película podría haber elevado (y mucho) el nivel de debate…¡pero, hasta donde yo sé éste no se ha producido! A algunos sesudos analistas los árboles impidieron ver no sólo el bosque, incluso las estrellas que había sobre sus ramas.
Un placer saludarle y gracias por su comentario.
NeoHypatia de Alejandría.
PD: ¿Asesinada? Puede que en lo referente a mi cuerpo físico pero no a mis ideas, a mi fuerza; te aseguro que sigo muy presente, incluso me atrevería decir que muy vigente hoy en día, en otra forma de existencia. Neo.

 

 
 
 
   
esediciones

Hypatia y la eternidad © Ramón Galí, 2009
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